Unos científicos de la universidad de Cornell en New York, colocaron en una célula embrionaria un gen que provoca que las células brillen en la oscuridad, de forma que, el embrión modificado llevaba tres juegos de cromosomas en lugar de dos. Querían averiguar, mas bien 'comprobar', si las células al dividirse eran capaces de transmitir información genética a las células hijas. El experimento tuvo un éxito rotundo. Después de dividirse durante tres días, todas las células del embrión brillaban. Habíamos creado un ser que nunca necesitaría una linterna, pero...¿Se le podría seguir llamando persona?
El doctor Zev Rosenwaks, participante en la investigación capitaneada por el biólogo Nikica Zaninovic, dejo muy claro, que lo que pretendía era comprobar si el marcador fluorescente inyectado de forma artificial era capaz de transmitirse, es decir, de ser 'heredado' por las células hijas, para poder seguir los cambios genéticos que ocurran tras cada división. Una característica que si fuera cierta podría aplicarse para estudiar el modo en que se transmiten muchas enfermedades. Una gran solución, para grandes enfermedades. Se dice que ese marcador fluorescente, es una proteína verde producida por una especie de medusa.
El experimento fue totalmente legal, y de hecho se destruyeron a los 5 días todos los embriones. Pero este experimento llevo a la polémica de que se podría utilizar la misma técnica para crear niños con genes modificados, es decir, diseñar niños, diseñar a tus propios hijos, hacerlos más inteligentes, más altos o más atléticos.
Se especula que la ingeniería genética podría ser utilizada para cambiar la apariencia física, el metabolismo, e incluso mejorar las facultades mentales como la memoria y la inteligencia, aunque por ahora, estos usos se limitan a la ciencia ficción.
Ejemplos de estas modificaciones genéticas, llevadas a la ciencia ficción, podemos observarlas en películas como: Gattaca, El hombre de arena, Spiderman...
Jesús Dionis Esquíu
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